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Darse Cuenta

“Desde que surgió la vida en la tierra ésta es una capacidad propia de todo lo animado, desde la ameba más modesta y humilde hasta el más evolucionado de los hombres” (J. Stevens). Por ello llama mucho mi atención cómo es que sabiendo esto, muchos de nosotros no nos damos cuenta de lo que significa estar vivo. Es verdad que la circunstancia existencial de cada persona es muy particular y que estamos sujetos a los constantes cambios que en el mundo ocurren y que no podemos vivir la vida de otros. Pasa que este asunto de darse cuenta tiene que ver con el desarrollo de la consciencia, de asumir la responsabilidad de la construcción de nuestra propia vida y las consecuencias de nuestras decisiones. Y pasa también por considerar que esto debería ser objeto de toda educación formal e informal: ayudar a las personas a darse cuenta de sus posibilidades de pensamiento y acción. En teoría acostumbramos a mostrar indicios de esto: “nos hemos dado cuenta que el SIMCE no mide calidad”, “nos damos cuenta de la desigualdad social”, “me doy cuenta que fui injusto”, etc. Pero ahí nos quedamos, en la teoría. Entonces, ¿de qué sirve que diga que me di cuenta si continuo actuando de la misma manera? ¿Qué puedo hacer una vez que me doy cuenta de algo? La ética nos diría que deberíamos actuar en consecuencia, puesto que darse cuenta de algo y no hacer nada al respecto acusa una actitud bastante infantil y una gran irresponsabilidad. Si nos hemos dado cuenta de muchas cosas, sería aconsejable que hiciéramos algo al respecto. ¿Nos hemos dado cuenta que para muchos de nuestros alumnos dar vueltas corriendo en una plaza o concha no es muy motivador? Y si nos dimos cuenta que el joven del siglo XXI vive en la era del Facebook ¿por qué no lo usamos para complementar nuestras clases? Darse cuenta implica asumir que, nos guste o no, muchas cosa han cambiado y seguirán cambiando porque simplemente ese es el sentido universal de la existencia.

 
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Publicado por en 13 de abril de 2014 en Conceptos de Educación Física, Reflexion

 

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¿Clases presencial o Google?

¿Qué diferencia mis clases de internet? O en otras palabras, ¿Qué pueden encontrar mis estudiantes en mis clases que no encuentren en internet? Es una pregunta que constantemente me impulsa a buscarle respuesta, pues a mi parecer, no se justifica obligar a una persona a escuchar en mis clases lo que podría fácilmente encontrar en internet. En términos genéricos, si se trata de información eso es lo que más tiene internet, y una forma fácil de validar dicha información es poniendo en práctica sus postulados. Para los interesados en el tema existe un libro titulado: “¿para qué necesito un profesor si tengo google?” (Ian Gilbert). El autor del libro señala que, en cuanto transmisión de información, el estudiante de hoy no necesita un profesor, ni menos estar toda una mañana en clases para enterarse de algo que puede encontrar en internet en cinco minutos. Por otro lado, según el autor, lo que justificaría la presencia de un profesor es la explicación y construcción de relaciones conceptuales que pueden hacerse desde tal información, especialmente la utilización de un criterio que permita discernir entre el uso correcto o incorrecto del conocimiento. Pero aun así, bastaría con conversar en línea con uno o dos especialistas sobre el tema para ampliar el campo explicativo. Los entendidos argumentan que lo que los estudiantes no encuentran es la vivencia corporal, aunque ya sabemos cómo estimulan los sentidos los juegos en línea capaces de producir las mismas emociones de la vida real. Pero en definitiva se trata de qué tan novedosa puede ser mi clase de tal manera que el estudiante por más que busque no la encontrará en otro lugar ni tiempo. La presencia física es relevante siempre y cuando los argumentos se construyan a partir de las contradicciones vitales de todos los presentes en una sala, porque a fin de cuentas, lo que podría justificar mi presencia frente a ellos es la información que solamente yo les puedo pasar en ese momento, para lo cual se hace necesario haber construido mis propios conocimientos y teorías, caso contrario me transformaría en repetidor de lo que otros pensaron, crearon o dijeron. Si hay algo que no está en internet es ese momento único de espacio-tiempo en el cual se conjugan los pensamiento, sentimientos, emociones y conocimientos de todos los presentes en una sala, por lo tanto es tarea de todos los presentes, especialmente del profesor, transformarlo en un momento significativo, relevante y trascendente.

 
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Publicado por en 4 de abril de 2014 en Uncategorized

 

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Dominios del conocimiento

En general, para saber cómo funcionan las cosas, el ser humano utiliza dos tipos o formas de acercarse a tales explicaciones. Uno de ellos es el dominio técnico, que a grandes rasgos es el dominio correspondiente a la instrucción, esto es, el qué y cómo existe tal o cual cosa. Por otro lado tenemos el dominio conceptual, que tiene que ver con el por qué, para qué, en qué circunstancia, cuándo, dónde y, muy especialmente, qué hacer para modificar la realidad. Desde sus orígenes la Educación Física, ha enfatizado el dominio técnico, dejando un poco de lado el dominio conceptual, redundando todo ello en que el estudiante o profesor del área, sabe qué hacer, tal vez cómo hacerlo, pero tiene problemas para explicar el por qué y el para qué. Por ejemplo, un profesor que sólo domina básquetbol, se le dificulta hacer una clase de danza o de cualquier otra área que no sea de su dominio técnico. Pero si el profesor domina los conceptos, no tiene necesidad de ejecutar las técnicas, pues para ellos hay muchas otras formas de demostrar cómo se hace determinado movimiento (internet está repleto de tutoriales técnicos). Lo que yo le pregunto al profesor es: ¿pará que sirve la invertida? ¿Qué aprende un niño parándose de manos? ¿Dónde y bajo qué circunstancias el niño o niña utilizará tal o cual ejercicio? ¿Cuál es la relación entre la voltereta y al desigualdad social? En fin, todas estas preguntas requieren un dominio conceptual que permita al profesional explicar el fenómeno más allá de la demostración técnica. Y este dominio conceptual no se adquiere haciendo más de lo mismo o repitiendo hasta el cansancio un movimiento. El dominio conceptual, que en definitiva es el que propone nuevas técnicas, se adquiere en la medida que el estudiante o profesor buscar ampliar su campo explicativo a través del estudio sistemático, la reflexión y el análisis de las posibles relaciones que pueden encontrarse entre distintos fenómenos de la naturaleza y la cultura. Lo que implica abrir espacios de análisis y discusión que superen el nivel de información técnica, diversificando la formación profesional en un rango mayor de saberes y, en lo posible, superar el nivel de información en tal proceso.

 
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Publicado por en 29 de marzo de 2014 en Uncategorized

 

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Niños que no son…

No hay niños malos, no hay niños deportistas, lentos o hiperactivos, pasivos o agresivos… los niños y niñas solo son el reflejo de adultos malos, deportistas, hiperactivos o agresivos. En tanto niños tampoco son adultos en miniatura. Es un mundo aparte, distinto de lo que nosotros conocemos. Tal vez un poco de memoria nos ayudaría a reconocer que niños y niñas no tienen nada que ver con el mundo adulto. ¿Qué recuerda de su infancia? ¿Qué era lo que más le gustaba hacer? ¿Recuerda aquel asombro cuando descubrió como una oruga se transformaba en mariposa? ¿Cómo era posible que se elevara tan alto ese pedazo de papel, volantín caprichoso jugando en el viento? Nos Fueron pasando cosas, aprendiendo lo que los adultos de la época creían que debíamos aprender para, algún día, parecernos un poco a ellos. Hoy me suena un poco egoísta tal deseo. Y si bien es inevitable que nuestros hijos sean un reflejo de nosotros, debiéramos preguntarnos ¿Qué reflejo es ese? ¿El de mis convicciones adquiridas como adulto? o ¿el niño que alguna vez fui? Pero aquí los tenemos, encerrados la mayor parte de tiempo aprendiendo “cosas”, porque allá afuera es peligroso, porque “no es como antes”. Nuestros miedos se han apoderado de nuestras intenciones y nos han limitado la capacidad de soñar y, en ese tiempo, vamos contagiando a nuestros niños y niñas con nuestras desesperaciones, nuestros objetivos, nuestras amenazas. El niño no sabe de mañanas ni tiene porqué saber. Toda su estructura está hecha para sacarle el máximo provecho a un presente, al ahora, y cuando ese ahora se le llena de “tareas” comienza lentamente a perder el profundo significado de su infancia: ser feliz jugando sin ningún objetivo más que el placer de hacer cosas que le llenen el alma de regocijo, alegrías y esperanzas. Los niños se están quedando sin tiempos y espacios para ser niños. En esta locura de sociedad de “alto rendimiento” en busca de una “educación de calidad” de la que nadie sabe muy bien de qué se trata, los niños sufren la desesperada competición por asegurar un futuro que no servirá de nada para aquellos adultos a los que se les negó la infancia.

 
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Publicado por en 20 de marzo de 2014 en Uncategorized

 

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Pensar otra Educación Física

 

Mientras se piense y actúe considerando la Educación Física como una pedagogía en la cual el centro de atención es el cuerpo y su capacidad de sudar, estamos destinados a una formación de profesores que primero deben transpirar y después pensar, primero deben correr y después meditar, primero deben mejorar sus capacidades físicas y solo después su capacidad creativa.. Hasta donde conozco, y tal vez usted pueda ser la excepción, tanto los estudiantes como los profesores de Educación Física, están convencidos que su objetivo es lograr que las personas a su cargo desarrollen no solo el hábito, sino además un amor incondicional a la actividad física. ¿No será que por ser obligatoria esta actividad física nunca se podrá transformar en hábito? Las paradojas del sentido común raramente se toman en cuenta, pero debemos recordar que un hábito no nace de la imposición, sino más bien del convencimiento propio que tiene su principal fundamento en la infancia. Es decir, lo que no se aprendió en la niñez, es muy difícil que se desarrolle en la vida adulta. Pero el imaginario social de la Educación Física continúa girando en torno al cuerpo, sus músculos y su capacidad de realizar ejercicios. Ese imaginario es tan poderoso que muchos profesores de Educación Física no superan la práctica de una actividad física repetitiva, rutinaria y francamente aburrida. En esas circunstancias es muy difícil que niños y niñas se entusiasmen por realizar actividad física en vista de superar un sedentarismo casi endémico. Cabe preguntarse entonces, ¿Se piensa en otra Educación Física? ¿Y si fuese una asignatura de libre elección, no obligatoria? Invertir este proceso, implica una mirada distinta desde la fenomenología del concepto “educar” y de la epistemología de la Educación Física, que en el siglo XXI no puede obedecer a parámetros gestados en el siglo XVIII.

 
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Publicado por en 13 de marzo de 2014 en Uncategorized

 

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Infancia y Escuela

La infancia es una etapa de la vida en la que, según algunos, nos preparamos para el resto de nuestra vida. Todo lo que se aprenda allí será usado en el futuro, así como lo que no se aprenda nos dificultará aprendizajes futuros. Pensando de esa manera, cabría entonces a la escuela la responsabilidad de dar al niño o niña las herramientas necesarias para que en ese futuro no muy lejano este pueda desarrollar todas sus potencialidades humanas. He ahí el problema: niños que frecuentan escuelas pobres tienen casi marcado un futuro de pobreza, o dicho de otra forma, niños pobres no les queda otra que ir a una escuela en situación de pobreza. Y, muchas veces, a la pobreza material le acompaña una pobreza moral y de espíritu, transformando a la escuela en una institución castigadora, aunque no sea su intención. Es en la infancia donde se anidan nuestros sueños y nuestros traumas. Es en la infancia donde aprendemos a ser fuertes, valientes o temerosos. A algunos les asiste el poder de la resiliencia, pero la gran mayoría tiene marcado su destino prácticamente al nacer. Por ello la escuela tiene como misión superar su materialismo histórico, su asistencialismo y funcionalismo. El Estado subsidiario no lo hace nada mal en ese sentido. Mientras continúe subsidiando la educación y no otorgándola como un derecho, con gratuidad y calidad, sus hijos seguirán siendo discriminados por el lugar y la hora en la que nacen. Los que logran vencer las zancadillas del destino pobre, les deben prácticamente toda una vida de esfuerzo y sacrificio a sus padres. Fue en la infancia de estos niños pobres que se anidó en sus corazones un aroma a resentimiento. No desean estar allí, pero la vida los golpea y pocos se detienen para ayudarles a pararse de las caídas (que no son voluntarias). En fin, el niño o niña no sabe esto. No sabe que su infancia es una preparación para el futuro. Tampoco sabe que los adultos somos los responsables de asegurar ese futuro. El niño, en todo su derecho, juega, se divierte con lo que puede o tiene, vive mundos de fantasía. Sueña que se encumbra sobre las nubes, galopando arcoíris, riéndose a su manera de las cosas que no entiende. Busca entre esos sueños un camino. Una luz que ilumine ese sueño, anidando en la inocencia de su corazón que todo es posible, que la vida no solo es sacrificio, que también él puede crear y hacer realidad sus propios sueños.

 
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Publicado por en 20 de febrero de 2014 en Uncategorized

 

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Sobre el concepto cultura y Educación Física y Salud

 

Referido en la cotidianeidad, el concepto cultura es analogado a la erudición o ambientes relativos a las artes y al conocimiento científico. Es común escuchar “aquel sujeto no tiene cultura”, “esta persona es muy culta”, “yo no soy muy culto”, entre otras expresiones que dejan ver que quienes las emiten hacen alusión a que “tener” cultura es sinónimo de ser instruido en determinada área del saber.

En la prensa escrita se puede visualizar como separado de las demás acciones humanas y muchos periódicos dividen sus secciones en “actualidad”, “economía”, “deporte” y “cultura”, y cuando nos acercamos al apartado “cultura” nos encontramos con temas de las artes. De acuerdo con esto, la lectura que se puede hacer es que el “deporte”, la “economía”, los “negocios”, la “tecnología”, etc., no podrían ser considerados dentro del concepto cultura, y que las líneas editoriales de tales periódicos envían el mensaje de que los otros temas no son o no pertenecen a una actividad cultural. Es más, en algunas ciudades de nuestro país se instauraron las “Escuela de la Cultura”, algunos ingenuamente pensamos que se trataría de escuelas en donde se enseñaría la cultura patrimonial del pueblo indicado, pero no, son escuelas de artes, incluso de algunas artes, como música o danza.

Como podemos ver, en las significaciones que puede alcanzar el concepto cultura, se establecen formas de dominio hegemónico de determinadas visiones y posesiones de la sociedad, en las que se permite que una minoría le diga a una gran mayoría qué es y qué no es cultura o quién es o no es culto. Esta visión remite el concepto a un bien de consumo, algo a lo que se puede acceder según nos indique nuestra posición en la sociedad, esto es, sectores pobres de la población tendrían un acceso limitado a este tipo de producción cultural, negando y negándose como creadores y productores de una cultura propia, ignorantes de su identidad y sentido de pertenencia.

Hasta donde he podido observar, la cultura no se posee sino más bien, la cultura es lo que somos, lo que nos hace ser, hacer, saber y estar en el mundo. No tenemos más cultura que otros, no somos más cultos que otros, somos y nos expresamos por medio de una cultura que nos identifica en el gran espectro de la humanidad planetaria y nos hace, en una gran medida, estar orgullosos de eso que somos, sobre todo si a través de esta cultura logramos sentir pertenencia e identidad, necesarias condiciones para una vida con sentido y significado. Pertenecer es una necesidad humana que nos permite sentir y saber que somos aceptados, necesidad que establece relaciones con un sentido de existencia válido y legitimado por la historia que se vive.

Cabría preguntarse entonces, como la educación que niños y niñas reciben en su escuela les ayuda a reconocerse, acercarse y apropiarse de su cultura. En el caso de la Educación Física, que ahora se llamará “Educación Física y Salud”, (que una vez más reduce el sujeto a un objeto sobre el cual hay que intervenir para disminuir su obesidad y sedentarismo), esto se ve muy lejano, casi utópico. Esta Educación Física y Salud se limitaría a estimular en niños y niñas a realizar actividades físico-deportivas en busca de este “estado saludable”. Por más que busco en las bases curriculares no encuentro un concepto que se refiera al reconocimiento de la cultura corporal patrimonial. Seguramente, si esta “educación física saludable” se realiza, se hará utilizando los componentes de la cultura dominante (léase deportes y todas las actividades físico-orgánicas de moda). En fin, dada estas condiciones, la Educación Física no podría ser considerada una disciplina educativa, puesto que su objetivo no es la transformación del individuo y la sociedad en el reconocimiento y florecimiento de su propia cultura (objetivo de todo acto educativo que se precie de tal), sino la re-producción de patrones de comportamiento en función del más típico y tradicional paradigma de la era industria-empresarial.

 
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Publicado por en 6 de febrero de 2014 en Uncategorized

 

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